miércoles, diciembre 29

15 de enero del 2010

Y qué iba a hacer, podía huir a casa y quejarme de un temprano viernes
en la noche, enferma, por no recalcar sola. O quedarme a hacer lo que
tal vez, solo tal vez, nadie mejor que yo sabía hacer. Adoraba ese lugar,
me fascinaba saberme de memoria el camino a su guarida, y a la vez ir
descubriendo más cosas en él. No pretendía que tuvieras un plan
sorprendente, había aprendido en aquel verano que no hacía falta el dinero,
las aventuras, ni las multitudes; teníamos nuestras propias estrategias.

Incluso podía llegar esperando la idea más estúpida y pasiva de cualquiera
de mis días de aquél mes. Pero sabíamos que la disfrutaríamos.
Sabes que siempre he sido un tanto paranoica. Más de una vez terminé
llorando en tu cama hasta quedarme dormida, lamentando que parecieras
preferir algo un poco más atractivo que quedarnos mirando el techo sin
color toda la tarde. Vaya estúpida que fui.
Pero así lo era, ambos lo sabíamos. Era nuestro secreto.
Ninguno sabía como explicarlo, aunque poco lo intentamos. Y
a me había
decidido un par de veces a dejarlo. Sólo una lo intente. Strike 1. No me
dejó ir, aguarde hasta no soportar la situación y echarme a correr, le dije
mis argumentos, nada validos ahora, y no tuvo nada que decir; se esperaba
un golpe de cualquier manera, de cualquier otra persona, pero de mí...
Me había defraudado. Me decía que era especial, pero en medio del 
desorden. Ni siquiera sabía que lo quería, y me había olvidado, y estaba
harta de eso.  No todas las personas especiales saben que lo son.
No me dejó ir. No sé si lo hacía porque no puede soportar que sea yo
que lo abandone, o si de verdad le dolía. 
Esa noche, terminamos en su cama, bajo sus cobijas de cuero, no puedo
explicar lo que ocurría ahí, debajo de esa pequeña membrana del mundo;
sería difícil, apenas comienzo a entenderlo. Ve más lento por favor,
quisiera entenderte de pies a cabeza.
Nada duele más que tú

No hay comentarios:

Publicar un comentario