Débora estaba adolorida, acababa de llegar a su piso y apenas había logrado alcanzar el recibidor. Venía aturdida de su propio llanto, pero no encontró ningún remedio en el botiquín saciado de analgésicos ni en lo poco que había en su alacena. Le extrañaba como nunca, eso era lo que le dolía.
Se había visto esa última semana un par de veces con Eduardo pero ya le extrañaba desde hace tiempo. Se levantó de aquella esquina enseguida del perchero y arrastró sus pies hasta la ventana. Encendió su enésimo cigarrillo. Seguía llorando. ¿Cómo le iba a explicar a Eduardo que quería que el resto de su vida comenzara en ese momento? ¿Cómo le haría entender que creía en él pero ya no podía esperarlo un día más?
Débora estaba sola, pero Eduardo no.
Era una chica bonita que de vez en cuando salía con un buen moso para despegarse de la piel un poco de aquella soledad, pero nunca para terminar con un buen sabor de boca.
Casi no había ya luces en la ciudad, y se preguntaba si Eduardo la extrañaba, o si al menos la necesitaba de vez en cuando. Había pasado toda la noche en aquel bar donde se conocieron, y no me refiero a la primera vez que se vieron, sino a aquella vez que dejaron de ser extraños.
Había llegado sola y directo a la barra, traía sus prendas preferidas pero no llevaba puesta la sonrisa. No sabía a lo que iba, pero tenía una errónea sospecha de como terminaría aquéllo. Pidió el trago de siempre y un cenicero. No miraba a ningún lado, aunque de vez en cuando echaba una mirada a la puerta. Pero sabía con certeza que no aparecería. La noche llevaba un buen avance, ya había pasado la media noche y el día ya estaba bastante olvidado. Pensaba en Carolina y André, como la estarían pasando; hacía tiempo que no se reunían, se frecuentaban con llamadas telefónicas y alguna que otra carta, trataban de no olvidarse aunque los planes terminaran siempre algo postergados. Pensaba en los buenos tiempos y empezaba a sonreír, y en eso, en el fondo de aquella escena algo le rompió por dentro.
Aquella melodía que hacia mucho tiempo no escuchaba. No lo soportó, sentía como la columna vertebral se desmontaba y la dejaba caer. Take me out tonight because I want to see people and I want to see life. driving in your car oh, please don't drop me home because it's not my home, it's their home... No entendía que era lo que pasaba, qué estaba en su contra; lo había controlado por meses bastante bien y ahora unas notas le hicieron perder la razón. Desocupó ese banco y se echó a correr.
Ahora estaba ahí, en aquella ventana, con aquél viento frío que le partía la cara. Comenzaba el otoño y tenía perdida la esperanza de que él regresaría.
bonito...
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